Chispo y Chispa – ChispaBox

Chispo y Chispa

Hoy os traemos con mucho amor un relato breve de amor. ¡Para inspirarnos durante el confinamiento!

¿Queréis conocer la historia de cómo Chispa y Chispo llegaron a ser Chispa y Chispo?Chispa, o mejor dicho, Lucía, trabajaba en una taberna. Acababa de dejarlo con su novio...una relación tóxica sin sentido ninguno, e intentaba reencontrarse a sí misma.

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Cada jueves, Chispo, o mejor dicho, Mario, iba a la taberna a almorzar un bocadillo especial de la casa. Se sentaba en la barra, pedía, comía y observaba todo como un mero espectador. Un día, Lucía no estaba de muy buen humor, su ex había estado llamándola todo el día y lo último que quería era que la marearan. Justo ese día, Mario decidió dar el paso.

  • ¿Me pones un bocadillo con un poco de todo?- le preguntó.
  • ¿Cómo que con un poco de todo? - dijo Lucía.
  • Pues eso, con un poco de todo.
  • Eso no puede ser, tienes que pedirlo de algo. - le gruñó.
  • Pues lo pido de todo, díselo a tu jefe, soy de la casa. - dijo Mario en un alardeando.

Lucía le puso un bocadillo de todo con muy mala gana, lo que le faltaba era soportar a un listo que va de especial por la vida…

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A partir de ese día, Mario intentaba pasarse por la taberna más a menudo, con la excusa de llevarles algo...un día les llevó tortilla casera, otro día empanada...poco a poco fue ganándose la confianza de Lucía. Eso de que a “un hombre” se le conquista por el estómago, también vale para las mujeres.

Mario se quedaba hasta el cierre y esperaba a Lucía para acompañarla hasta el coche. Durante el paseo, hablaban un poco de todo. Del día, del trabajo, de sus ex...de la vida. Era absurdo pero cuando Lucía dejó de odiarlo se dio cuenta de que Mario era muy especial, se estaba convirtiendo en un amigo en el que confiaba, con el que podía hablar como hacía mucho que no hablaba y con el que se reía, pero de verdad.

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Marío no entendía qué le pasaba con esa chica. Sí, se sentía atraído por ella, pero era algo más que eso. Con Lucía era fácil hablar, y ser él mismo aunque no sabía si ella sentía lo mismo. 

Un día, Lucía llamó a Mario, estaba emocionada, aunque en la voz se le notaba una pizca como de miedo, nerviosismo. Había estado hablando con su ex, al final había cedido y habían quedado. Él estaba muy arrepentido y quería recuperarla. 

  • No sé porqué, pero siento que tengo que darle una oportunidad. Le he dicho que podemos quedar un par de veces a la semana e ir viendo...no sé, por un lado no quiero pero por otro…¿tú qué piensas?

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Mario sintió un nudo en el estómago, él sabía que Lucía era la mujer de su vida y, en parte, se arrepentía de no habérselo confesado ya. Ahora solo podía pensar en que la podía perder y eso es algo que le daba mucho miedo. Pero a pesar de todo, hizo de tripas corazón, al final quería lo mejor para ella, y no sería un buen amigo si la influenciara para que hiciera lo que le convenía a él. Así que, titubeando, le dijo que probara, que fuera despacio y precavida, pero que si tenía que darse cuenta definitivamente de que ese tío no era para ella, que adelante.

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Lucía sintió algo de decepción, una parte de ella esperaba que Mario le dijera que no, que la quería. Pero por otro lado, lo que había vivido con su ex fue muy intenso, y quizá merecía una oportunidad. Estaba confusa, y las palabras de Mario la confundieron aún más. Así que le colgó algo indignada y decidió alejarse un poco de él, al menos, mientras quedaba con su ex. No quería que nada ni nadie más la influenciara.

 Mario andando hacia la taberna para ver a Lucia - historia de amor de ChispaBox

Pasaron días, semanas...Mario no entendía porque Lucía estaba tan tirante con él cuando iba a verla a la Taberna. Ni por qué ya no lo llamaba por la noche antes de dormir, o se dejaba acompañar al coche...Mario dejó de ir a la Taberna el día que vió al que debería haber sido él ahí fuera, esperándola, y cómo ella salió a saludarlo con una sonrisa y un beso que él había imaginado mil veces. 

Lucía se dio cuenta del distanciamiento, y no pudo evitar sentirse aún peor. No sabía por qué pero lo echaba de menos y, aunque las cosas con su ex habían cambiado, no se sentía completa.

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Después de una noche intensa entre discusión y reconciliación, Lucía se despertó. Nada más abrir los ojos sintió un nudo en la garganta. Algo no iba bien, los ojos se le empañaron y una sonrisa se le dibujó en la cara. Se giró hacia él, lo miró con ternura, ya no le dolía hacerlo. Se levantó, se dio una ducha, se vistió, preparó el café como hacía siempre y se lo sirvió en su taza preferida, con una nota que decía:

“Gracias por todo, conocerte ha sido lo mejor, porque gracias a ti me he conocido a mí misma. Volver contigo ha hecho que me de cuenta de lo que realmente quiero, y lo que quiero, no eres tú. Espero que seas feliz”.

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Lucía se puso el abrigo, cogió su bolso y salió de ahí. Sabía perfectamente lo que quería, y por algún extraño motivo lo que quería se llamaba Mario.

Fue a buscarlo a su tienda y estaba cerrada, era extraño porque de normal a esas horas siempre está ahí. Fue a su casa y nada. Ella pensaba que iba a tener su reencuentro de película, pero se le había hecho tarde y tenía que ir a trabajar.

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Cuando llegó a la taberna, ahí estaba él, fumándose un cigarro en la puerta, con su café. Lucía se acercó nerviosa, lo saludó con una sonrisa y los ojos inundados. Mario lo sintió, la sintió, le devolvió la sonrisa con el corazón a mil por horas. “Debo entrar a trabajar” dijo Lucía mirándolo fijamente a esos ojazos azules. Él asintió y le respondió “entra, cuando salgas tendremos toda la vida para hablar”. 

La cogió del brazo y le besó la frente. En ese momento Lucía tembló, no podía creer lo tonta que había sido, cómo no se había dado cuenta antes. Le rozó la mano y le dio una nota.

 

“Siento todos los errores que he cometido en esta vida, pero sin duda el que peor llevo es haber querido alejarte de mi. ¿Recuerdas la primera vez que me acompañaste al coche? ¿Qué tal si repetimos y esta vez me besas?”.

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Mario y Lucía llevan ya casi diez años juntos. Discuten a diario, pero siempre terminan riéndose el uno del otro. Mario sigue yendo a la taberna a almorzar cuando ella está de turno, sólo por verla ahí, detrás de la barra, sonriendo como siempre.

Lucía sigue llamándolo cada noche al salir del trabajo. Le gusta escuchar su voz, la hace sentir segura. 

A veces el trabajo, la familia y la vida en general hacen el día a día complicado, pero Lucía y Mario intentan siempre hacer algo para acercarse, es por eso que nunca han perdido su chispa.

Lídia Ramírez